El enemigo no teme lo que haces, sino lo que motoriza lo que haces. Por eso, buscará desactivar tu fuente de fuerza. Sansón venció leones y arrancó puertas de ciudades, pero descuidó sus accesos. El mayor peligro no siempre es el león que ruge afuera, sino la "Dalila" que intenta entrar en tu corazón para desconectarte de tu consagración.