Los cráneos de nuestros antepasados de la Edad de Hielo eran, según los cálculos actuales, aproximadamente un 10% más grandes que los nuestros. En términos de volumen, eso se traduce en entre 100 y 150 centímetros cúbicos: el equivalente al interior de una pelota de tenis. Una pérdida que, sobre el papel, podría sonar inquietante. En la práctica, los científicos piden calma.
Un cerebro más pequeño no significa, en absoluto, que nos estemos volviendo más tontos. Y para ilustrarlo, basta con un solo nombre: Albert Einstein.
El cerebro del físico más célebre de la historia, conservado y estudiado en detalle tras su muerte, pesaba apenas 1.230 gramos, por debajo de la media masculina adulta, que ronda los 1.400 gramos. Nadie, sin embargo, cuestionó jamás su inteligencia. El caso de Einstein es el contraejemplo más conocido de una idea que la neurociencia lleva décadas desmontando: que más masa craneal equivale a más capacidad intelectual.
Un estudio reciente del Instituto Max Planck sobre neurobiología lo confirma con datos: los hombres tienen, en promedio, cerebros más grandes que las mujeres, pero esa diferencia se explica por la mayor masa corporal masculina, no por ninguna ventaja cognitiva subyacente.
Lo que determina la inteligencia, según el consenso científico actual, no es el volumen sino la arquitectura: la densidad de las conexiones sinápticas, la eficiencia con la que se comunican las neuronas, la organización de las distintas regiones cerebrales y su integración con el resto del organismo. El cableado, no el tamaño del cable.
Que el encogimiento cerebral no debe alarmarnos sobre nuestras capacidades no significa que carezca de interés científico. Todo lo contrario: desde el punto de vista de la biología evolutiva, representa uno de los enigmas más estimulantes de los últimos años. ¿Por qué un cerebro que aparentemente funciona mejor que el de nuestros antepasados del Pleistoceno ocupa menos espacio? La pregunta divide a la comunidad científica, que maneja varias hipótesis para explicar una paradoja que dice mucho sobre lo que somos, y sobre cómo llegamos a serlo.