Juan Carlos Zarzosa es cocinero, empresario y un tipo que ha vivido más vidas de las que caben en una sola historia. Criado en Ciudad de México, pasó por Montreal, Toulouse y Barcelona durante vivió doce años. Hoy lleva tres años sin consumir y lo dice con la claridad de quien ya no necesita convencer a nadie: *"no hay otro camino".*Su historia empieza donde empiezan muchas: en la adolescencia, en un contexto donde nadie veía el problema. Con 13 años, las cervezas en eventos para menores eran algo completamente normalizado en el México de aquella época. Nadie levantaba una ceja. El cannabis llegó poco después, en el colegio, con la naturalidad con la que llegan las cosas cuando tienes esa edad y quieres pertenecer a algo. Pero conseguir producto en Ciudad de México no era como en otros sitios. Había que ir a buscarlo a zonas que no eran precisamente seguras, y eso, lejos de frenarle, le fue dando forma a una identidad. Una que, reconoce, le gustaba.Las demás sustancias no tardaron en llegar.Una primera experiencia viviendo fuera de México, trabajando en Canadá, le alejó de la universidad —el TEC de Monterrey— y le abrió una puerta que no volvería a cerrarse. De Canadá a Toulouse. De Toulouse a Barcelona. Lo que iban a ser seis meses acabaron siendo **doce años**.En Barcelona, Juan Carlos encontró una escena sin límites en ningún aspecto. Trabajaba como cocinero —un oficio que había aprendido de pequeño junto a su abuela y que con los años convirtió en profesión— y se movía en un ambiente alternativo donde el alcohol y la cocaína de base eran el combustible habitual, con incursiones en LSD, psilocibinas y MDMA. Una vida intensa, creativa, sin horarios ni frenos.En medio de todo eso, murió su madre. Un golpe que, como él mismo reconoce, probablemente acentuó el consumo y le dio una función que antes no tenía: la evasión.Cuando Barcelona empezó a quedarse pequeña, o quizás cuando él mismo empezó a quedarse sin fuerzas, volvió a México con la idea de recuperarse. Montó y gestionó un restaurante en Querétaro. Pero el consumo no había parado, sino todo lo contrario. Llegó un momento en que se despertaba y lo primero era bajar a buscar alcohol. Las demás sustancias ya no las toleraba. Solo quedaba eso.Con el apoyo constante de sus hermanas y la insistencia de su familia, Juan Carlos intentó un ingreso en un centro de tratamiento. No llegó a la semana. Pero algo se había movido por dentro. Siguió trabajando su recuperación con un terapeuta, a su ritmo, y hoy lleva **tres años sin consumir**.En este episodio Juan Carlos comparte su historia con una generosidad y una lucidez que enganchan desde el primer minuto. Habla de sus orígenes, de la calle, de la cocina, de Barcelona, de la pérdida, del fondo y de la vuelta. Sin dramatismo, sin victimismo. Con la perspectiva de alguien que ha visto mucho y ha aprendido más todavía.Un tío brillante, curtido y experto en la vida. Nos alegra mucho que haya querido sentarse con nosotros.---🔔 Suscríbete para no perderte ningún episodio